Culos y cerebros

Benditos cánones de belleza, bendita presión social y benditos nosotros, inocentes crédulos. Unas deberían bajar unos kilitos, otras tienen el culo caído, y otros están demasiado escuchirrimizados (tirillas, vamos). A alguno le hace falta un podado de entrecejo, y esa de allá debería pasar por quirófano para arreglarse la nariz. Y ahora hablan de fofisanos y gordibuenas. Y yo me río por no llorar. Pero vamos a ver, ¿es que nos hemos vuelto todos locos?

Los medios de comunicación, la publicidad, y la sociedad en general nos bombardean con imágenes y mensajes que nos dicen cómo deberíamos ser o a quién deberíamos parecernos. Peso, altura, talla, porcentaje de masa corporal, IMC, contorno… Números, números y más números. Y a nosotros nos gustan los números, así que los tomamos como verdad absoluta y nos ponemos a la tarea de cumplir las expectativas de… ¿de quién? A saber. El caso es que lo intentamos (o no), nos convertimos en una víctima más de los estereotipos, y pasamos a formar parte de la masa obsesionada. Cada uno lo hace a su manera y así, se forman grupos.

1. Los anda y que te den. Son guapos, tienen el culo bien puesto y lo saben. La genética está de su parte. Pueden ponerse hasta arriba de chocolate, bollos o cervezas y no se nota; no necesitan ir al gimnasio y cada vez que los vemos desearíamos que la ropa nos quedase tan bien como a ellos. Eso sí, secretamente nos consolamos diciendo que en unos años los excesos les pasarán factura; y es que el que no se consuela es porque no quiere.

LMFAO1

2. Los hidratos de carbono. Están obsesionados con el cuerpo perfecto; pasan horas machacándose en el gimnasio, utilizan palabras como “isométricos”, “hiper-proteico” o “mancuernas”, y se sienten culpables por pensar en un garrote (o napolitana) de chocolate. Ah, y no les hablen de hidratos de carbono por la noche. ¡Un crimen! Eso sí, tienen gran fuerza de voluntad y cuando se les empiezan a notar los resultados, les envidiamos. Pero ellos nunca tienen suficiente.

Gym-Meme

3. Los me tengo que poner en serio. Ellos lo saben; no les vendría mal cuidarse un poco. Pero no les gusta la presión, ni el gimnasio, ni la verdura al vapor. A veces les dan ataques de entusiasmo y salen a correr, pero dura poco. Nunca le hacen ascos a un helado y aunque les gustaría tener muslos firmes o abdominales de dios griego, se conforman con seguir entrando en la misma talla.

know-it-all

4. Los me gusta el chocolate. Les encanta comer y no se privan; prefieren ver una peli (con su buen cartón de palomitas) que hacer ejercicio; y si tienen que comprarse una camiseta un poco más holgada para que no se les marque la barriguilla pues oye, no pasa nada, que además está de moda. Saben que no son el buenorro del grupo y lo aceptan (siempre y cuando el último trozo de bizcocho lleve su nombre).

p45zo3

5. Los me gusta estar gordo. Son como los me gusta el chocolate, pero en vez de pasar del tema, hacen publicidad de lo orgullosos que están de los kilos que les sobran y reivindican la belleza de las curvas. Dicen renegar de los cánones de belleza, cuando lo que realmente están haciendo es intentar crear uno en el que encajar.

a06b44a35b76e21d6fd97868ac444db66e56ce1fd967c6182e872ce584c92aef

Que no se me interprete mal, no pretendo ofender a nadie, pero la cosa se nos está yendo las manos. El cuerpo es una parte esencial de nuestra persona, y quien diga que no le da importancia, miente. A todos nos gusta mirarnos al espejo y vernos bien; nos encanta que la ropa del año pasado todavía nos quepa; y sí, queremos que la gente se vuelva a (ad)mirarnos por la calle. Eso sí, de ahí a hacerlo el único timón de nuestra vida, hay un salto. Dicen que en el punto medio está la virtud, y nosotros solo conocemos los extremos: o está de moda estar delgado hasta que parece que las piernas se van a romper, o hay que poder marcar cada músculo del cuerpo o, la última, es sexy estar gordo. Pues ni tanto ni tan calvo. Y lo más triste es que por mucho que nos quejemos de la situación (yo incluida) seguimos basando nuestra vida en un sinfín de ideales, en muchos casos pasados por Photoshop, que lo único que consiguen es minar la poca autoestima que ya de por sí tenemos. Y no seamos hipócritas, no culpemos solo a la publicidad o a los medios de comunicación, porque nadie nos pone una pistola en la cabeza para hacer lo que ellos dictan. En nuestra mano está revelarnos, y reivindicar que lo sexy es estar sano; ni gordo ni flaco, ni fofo ni vigoréxico; sano. Pero no, es mucho más fácil decirle que no porque es un larguirucho o señalar a la gorda y reírnos. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s